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Cambio climático: La audacia del altruismo



Por el monje budista Matthieu Ricard el 30 de mayo de 2017 - Parte 1 y 2



Nuestra era se enfrenta a muchos desafíos. Uno de nuestros principales problemas consiste en conciliar las exigencias de la economía, la búsqueda de la felicidad y el respeto al medio ambiente. Estos imperativos corresponden a tres escalas temporales - corto, medio y largo plazo - en las que se superponen tres tipos de intereses: el nuestro, el de los que nos rodean y el de todos los seres sensibles.


La economía y las finanzas evolucionan a un ritmo cada vez más rápido. Los mercados bursátiles se disparan y se desploman de un día para otro. Los que viven con tranquilidad suelen ser reacios a modificar su estilo de vida por el bien de los menos afortunados y en beneficio de las generaciones venideras, mientras que los que viven en la necesidad aspiran legítimamente a más riqueza, pero también a entrar en una sociedad de consumo que fomenta la adquisición no sólo de lo necesario para llevar una vida decente, sino para seguir persiguiendo las cosas superfluas.


La satisfacción con la vida se mide en términos de un plan de vida, una carrera, una familia y una generación. También se mide según la calidad de cada instante que pasa, las alegrías y los sufrimientos que colorean nuestra existencia y nuestras relaciones con los demás; también se da o se niega por la naturaleza de las condiciones externas y por la manera en que nuestra mente traduce estas condiciones en felicidad o miseria.


En cuanto al medio ambiente, hasta hace poco tiempo, su evolución se ha medido en términos de eras geológicas, biológicas y climáticas, a lo largo de docenas de milenios o millones de años, excepto en el caso de catástrofes mundiales provocadas por asteroides gigantes o erupciones volcánicas. En nuestros días, el ritmo de cambio sigue acelerándose debido a los trastornos ecológicos provocados por las actividades humanas. En particular, los rápidos cambios que se han producido desde 1950 han definido una nueva era para nuestro planeta, el Antropoceno (literalmente la "era de los humanos".) Esta es la primera era en la historia del mundo en la que las actividades humanas están modificando profundamente (y, en la actualidad, degradando) todo el sistema que mantiene la vida en la Tierra. Este es un desafío completamente nuevo que nos ha tomado por sorpresa.


Impacto de la era del Antropoceno

Para muchos de nosotros, la noción de "simplicidad" evoca una privación, un estrechamiento de nuestras posibilidades y un empobrecimiento de la existencia. La experiencia demuestra, sin embargo, que una simplicidad voluntaria no implica en modo alguno una disminución de la felicidad, sino que, por el contrario, trae consigo una mejor calidad de vida. ¿Es más agradable pasar un día con sus hijos o amigos, en casa, en un parque o al aire libre en la naturaleza, o pasarlo trotando de tienda en tienda? ¿Es más agradable disfrutar de la satisfacción de una mente satisfecha o querer constantemente más - un coche más caro, ropa de marca o una casa más lujosa?


El psicólogo estadounidense Tim Kasser, autor de The High Price of Materialism (2003, MIT Press), y sus colegas de la Universidad de Rochester, han destacado el alto costo de los valores materialistas. Gracias a estudios repartidos a lo largo de veinte años, han demostrado que, dentro de una muestra representativa de la población, los individuos que concentraban su existencia en la riqueza, la imagen, la condición social y otros valores materialistas y extrínsecos promovidos por la sociedad de consumo están menos satisfechos con su existencia. Centrados en sí mismos, prefieren la competencia a la cooperación, contribuyen menos al interés general y no se preocupan por las cuestiones ecológicas. Sus lazos sociales se debilitan y, si cuentan muchas relaciones, tienen menos amigos reales. Muestran menos empatía y compasión por los que sufren y tienen tendencia a utilizar a los demás para sus propios fines. Paradójicamente, tienen menos salud que el resto de la población. El consumismo excesivo está estrechamente vinculado al egocentrismo extremo.


Además, los países ricos, que son los que más se benefician de la explotación de los recursos naturales, no quieren reducir su nivel de vida. Pero son los principales responsables de los cambios climáticos y de otros flagelos (aumento de las enfermedades relacionadas con el cambio climático -el paludismo, por ejemplo, que se está extendiendo en nuevas regiones, o a mayor altitud, a medida que aumenta la temperatura mínima- que afectan a las poblaciones más pobres, precisamente las que menos han contribuido a estos trastornos. Un afgano produce dos mil quinientas veces menos CO2 que un qatarí y mil veces menos que un americano. Sobre el aumento del nivel de los océanos, el magnate americano Stephen Forbes declaró en Fox News: "Cambiar lo que hacemos porque algo va a suceder en cien años es, yo diría, profundamente extraño". ¿No es realmente una declaración como esa lo que es absurdo? El jefe de la mayor compañía de carne de los Estados Unidos es aún más abiertamente cínico: "Lo que importa", dice, "es que vendamos nuestra carne". Lo que sucederá dentro de cincuenta años no es asunto nuestro".


Pero todo nos concierne, así como a nuestros hijos, a los que están cerca de nosotros, y a nuestros descendientes, junto con todos los seres, humanos y animales, ahora y en el futuro. Concentrar nuestros esfuerzos únicamente en nosotros mismos y en nuestros parientes, a corto plazo, es una de las manifestaciones lamentables del egocentrismo.


El individualismo, en sus aspectos positivos, puede fomentar el espíritu de iniciativa, la creatividad y la superación de normas y dogmas anticuados y restrictivos, pero también puede degenerar muy rápidamente en un egoísmo irresponsable y un narcisismo desenfrenado, en detrimento del bienestar de todos. El egoísmo está en el centro de la mayoría de los problemas a los que nos enfrentamos hoy en día: la creciente brecha entre ricos y pobres, la actitud de "cada uno para sí mismo", que no hace más que aumentar, y la indiferencia hacia las generaciones venideras.


La necesidad de altruismo

Necesitamos un hilo de Ariadna que nos permita encontrar nuestro camino en este laberinto de serias y complejas preocupaciones. El altruismo es este hilo que nos permitirá conectar naturalmente las tres escalas de tiempo - corto, medio y largo plazo - reconciliando sus demandas. Debemos tener la perspicacia para reconocerlo y la audacia para decirlo.


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