Crecimiento económico: ¿nuestra religión de hoy?
- Homo consciens
- 11 nov 2020
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Fuente: CUSP - Centre for the Understanding of Sustainable Prosperity - por RICHARD McNEILL DOUGLAS
"Toda sociedad se aferra a un mito por el cual vive", escribió Tim Jackson en 2004, y "el nuestro es el mito del progreso económico". Para muchos economistas, aquellos que piden el fin del paradigma de crecimiento son fantasistas utópicos. Pero, como el investigador del CUSP Richard McNeill Douglas escribe en este blog, la idea del crecimiento eterno es en sà misma profundamente fantástica.-
El crecimiento económico es la religión del mundo moderno, el elixir que alivia el dolor de los conflictos sociales, la promesa de un progreso indefinido. Ofrece una solución al drama cotidiano de la vida humana, querer lo que no tenemos. Lamentablemente, al menos en Occidente, el crecimiento es ahora fugaz, intermitente.
Estas son las palabras que abren El deseo infinito de crecimiento, un libro publicado este año por Daniel Cohen, profesor de economÃa en la École normale supérieure de ParÃs. Comienzo con las observaciones de Cohen porque plantean una serie de preguntas que me gustarÃa explorar. ¿Es el crecimiento económico nuestra religión moderna? ¿Qué entendemos por "religión" en este contexto? ¿Está desapareciendo la fe en esta religión, si es que lo es, "al menos en Occidente"? ¿Y esto es algo bueno o malo?
El declive del crecimiento: una historia trágica
Tal como lo presenta Cohen, el crecimiento es algo bueno, no sólo por sus beneficios materiales tomados por sà mismo -aunque éstos no deben ser minimizados, ni tampoco las esperanzas de miles de millones de personas en todo el mundo de una distribución más equitativa de los mismos. Pero para Cohen, el crecimiento es bueno no tanto por sus beneficios materiales como por los sociales y psicológicos. Nos da algo en lo que centrarnos, en lo que luchar. Y es necesario que lo haga, dice Cohen, enmarcándose en una corriente principal de pensamiento económico que se remonta por lo menos a la "revolución marginal", porque no importa el nivel de riqueza material del que disfrutemos, nunca será suficiente para realizarnos verdaderamente. Cohen escribe:
"Como un caminante que nunca alcanza el horizonte, el individuo moderno quiere enriquecerse cada vez más, sin entender que tal riqueza, una vez alcanzada, se convertirá en el estado normal de las cosas, del cual querrá nuevamente distanciarse. [.... El deseo humano es profundamente maleable, influido por las circunstancias sociales en las que se expresa. Eso lo hace insaciable, infinito."
El crecimiento económico, entonces, o más bien la civilización que lo convierte en una religión, se presenta aquà en una forma bastante trágica. Aunque el crecimiento es bueno, es una especie de tragedia en suspenso. Lo que nos trae esta trágica cualidad a casa es cuando el crecimiento comienza a no responder. Porque, si el crecimiento es una religión, como sugiere Cohen, entonces es una cuyo dios se ha vuelto remoto, poco fiable y quizás pronto ¿se declare muerto?
Cohen discute una serie de razones por las que esta fe moderna se está volviendo más difÃcil de mantener, pero -en común con el análisis presentado en este paÃs por Tim Jackson- las dos principales son el estancamiento secular y los lÃmites ecológicos. El estancamiento secular -un lento agotamiento de las oportunidades de expansión de la economÃa real- ha dado lugar a una disminución del crecimiento de las economÃas desarrolladas en su conjunto, y especÃficamente de la mayorÃa de los trabajadores occidentales, desde el decenio de 1970. Lo que es aún más importante, los lÃmites ecológicos hacen imposible disociar radicalmente la actividad económica de los impactos ambientales, lo que a su vez impone limitaciones absolutas al crecimiento futuro.
Cohen compara el estado de ánimo resultante que experimentamos hoy con la "angustia espiritual" de la mente europea en el siglo XVII, cuando luchaba por ajustarse a la menguante creencia en la presencia de Dios en un universo cientÃfico. La polÃtica actual de buscar un chivo expiatorio xenófobo no le sorprende en estos tiempos tan desconcertantes.
Lo que Cohen nos presenta es una historia, entonces. Es una historia en la que la búsqueda de un crecimiento económico continuo proporciona a sociedades enteras un sentido de significado. Pero, como cualquier historia, es una con un comienzo, un medio y un final. Y ahora estamos quizás al principio del final. Tratar de exprimir más crecimiento del sistema nos hace cada vez más infelices a la mayorÃa de nosotros y destruye el medio ambiente al mismo tiempo. Estamos empezando a percibir que no puede continuar para siempre, y eso está reduciendo la fe que tenemos en él. Estamos cayendo cada vez más presas de, como dijo Cohen, una angustia espiritual.
Asà que esa es una historia que tenemos, entonces. Pero no es la única. Hay otra historia, una que toma mucho de este mismo material, y acepta muchos de los mismos desafÃos, pero lo convierte en algo más. Proporcionándonos un final feliz; o más bien, y esta es la parte crucial, ningún final en absoluto.
La historia del crecimiento sin fin
Romer, celebrado como pionero de la "teorÃa del crecimiento endógeno", fue galardonado con su premio "por integrar las innovaciones tecnológicas en el análisis macroeconómico a largo plazo"; Nordhaus "por integrar el cambio climático en el análisis macroeconómico a largo plazo". La Real Academia Sueca de Ciencias resumió la intersección de su trabajo de la siguiente manera: "La naturaleza dicta las principales limitaciones del crecimiento económico y nuestro conocimiento determina la forma en que abordamos estas limitaciones". El trabajo de Romer se presentó asà como la reconciliación del crecimiento con los lÃmites ambientales.
Fue en esta capacidad que el premio de Romer fue celebrado por aquellos que se oponen a los argumentos ambientales sobre la necesidad de limitar el crecimiento económico (o de trabajar con sus limitaciones). Tomemos, por ejemplo, el experto en inversiones sostenibles Michael Liebreich. En un artÃculo titulado "El secreto del crecimiento eterno" Liebreich describió la concesión de los premios Nobel a Romer y Nordhaus como "una enorme bofetada en la cara de los campeones del "decrecimiento"". Liebreich, cabe señalar, es un ecologista en sà mismo, y aboga por una acción urgente sobre el cambio climático. Su punto principal es que lo que esto requiere en este momento es una inversión acelerada masivamente en energÃa baja en carbono; y que es menos probable que esto se produzca si la música ambientalista es anticapitalista. En este sentido, se describe a sà mismo como un "eco-pragmático".
Liebreich tiene ciertamente motivos racionales para su enfoque, en términos de alentar un apoyo más amplio a la inversión urgente en energÃa de bajo carbono. Pero veamos más de cerca el lenguaje que usa, y veamos cuán pragmático parece. Al utilizar el trabajo de Romer para sugerir que el crecimiento económico en curso es compatible con la mitigación del cambio climático, Liebreich hace la afirmación de gran alcance de que "no hay nada en la fÃsica que impida que la economÃa crezca para siempre".
¿Cómo apoya este argumento? Comienza criticando la forma en que los economistas ecológicos han basado su economÃa en la fÃsica de la entropÃa. Describe esto, de manera provocativa, como un ejemplo de "ciencia falsa". Esto se debe a que la Tierra "recibe un enorme flujo diario de energÃa del sol"; y por lo tanto la energÃa solar "podrÃa ser" la "clave para un crecimiento sin fin", "demostrando que la economÃa puede crecer mientras todavÃa haya un sol en el cielo (lo que nos darÃa unos cinco mil millones de años más)".
Y no es sólo la energÃa del sol la que permitirá tal crecimiento aparentemente interminable. Liebreich nos refiere también al ingenio humano. Es este, el poder creativo de nuestras mentes, el que nos permitirá desmaterializar toda la economÃa. Como él nos dice: "la eficiencia material y el reciclaje mejorarán indefinidamente; la extracción de materiales y la producción de contaminación primero alcanzará su punto máximo y luego se asintará a cero". Y esta combinación de "conocimiento ilimitado" y energÃa limpia "impulsará mejoras interminables en el bienestar y el florecimiento de los seres humanos". Finalmente concluye:
"Debemos abordar la tarea con optimismo [....] porque, como dijo una vez Ronald Reagan (mostrando una comprensión más profunda de la termodinámica y la economÃa que toda la multitud del decrecimiento): "No existen lÃmites al crecimiento, porque no hay lÃmites a la capacidad humana de inteligencia, imaginación y maravilla".
Sólo quiero destacar algo en estas palabras. ¿Qué es lo que vemos aquÃ? "Crecimiento eterno", "crecimiento para siempre", "crecimiento sin fin", "mil millones de años", "mejora indefinidamente", "a cero", "conocimiento ilimitado", "mejoras sin fin", "sin lÃmites"... Este es el lenguaje de lo absoluto. Estas son pistas, yo sugerirÃa, que este tipo de pensamiento sobre la economÃa está anclado en una concepción profundamente metafÃsica de la realidad.
¿De dónde viene este pensamiento? La referencia a Reagan nos da algunas pistas. El mismo Reagan estaba popularizando argumentos que habÃan sido desarrollados por un número de economistas ambientalmente escépticos, entre ellos Julian Simon. Simon, a su vez, ejerció su propia influencia sobre una serie de economistas cuyo enfoque principal estaba fuera del medio ambiente, entre ellos Friedrich von Hayek. PodrÃa hablarse de un eje de ideas Hayek-Simon-Reagan: Hayek proporciona el marco principal de las ideas económicas, Simon las desarrolla especÃficamente para contrarrestar las "tesis de los lÃmites del crecimiento", y Reagan comunica los sentimientos de su corazón a un público masivo.
Estas ideas se han convertido en aspectos de sentido común económico en muchos debates posteriores sobre el medio ambiente. Tomadas en conjunto, se suman a una construcción metafÃsica con la que todos estaremos familiarizados: la "realidad económica". Para destacar su naturaleza metafÃsica, veamos la interacción de tres ideas en particular: la idea de la mente, la idea del progreso tecnológico y la idea del mercado.
La metafÃsica de la "realidad económica
En cuanto a la mente, lo que encontramos en este discurso es la idea de lo mental como la esencia de lo ilimitado. Esto es visible en el énfasis en la fantasÃa como el modo caracterÃstico de la actividad mental, los discursos de Reagan, por ejemplo, están llenos de referencias a los "sueños" y la "imaginación". Es visible en la afirmación de la insaciabilidad de los deseos humanos. Y, sobre todo, es visible en la idolatrÃa del ingenio, dando lugar a argumentos ampliamente citados en la lÃnea de afirmar, como dijo un obituario de Simon, que: "Los suministros de recursos naturales no son finitos de ninguna manera seria; son creados por el intelecto del hombre, un recurso siempre renovable."
En cuanto a la segunda idea, la del progreso tecnológico, aquà encontramos otro aspecto en el que lo ilimitado de lo mental se proyecta en lo fÃsico. Esto significa que una observación del progreso histórico desde la revolución industrial se presume en una ley de la historia y, por lo tanto, se supone que se mantiene en el futuro previsible; luego se proyecta hacia adelante en una consideración especulativa del futuro lejano, en cuyo momento, mediante un simple proceso aditivo, se supone que nuestras capacidades tecnológicas habrán crecido hasta casi infinitas capacidades para traducir la voluntad en realidad. Y esta impresión de poder casi infinito se proyecta entonces de nuevo hacia atrás en el presente, y en la agencia -el ingenio humano- que se considera responsable del progreso histórico presenciado hasta la fecha.
Finalmente, está esa tercera idea, el mercado. En la obra de Simon y otros, inspirándose a su vez en la de Hayek, es en el mercado donde las mentes se ponen en contacto unas con otras, generando una especie de inteligencia colectiva que convierte "a la raza humana en una máquina colectiva de resolver problemas", como dice el escéptico del medio ambiente Matt Ridley. Lo que conecta las mentes individuales entre sà son los mecanismos gemelos del incentivo económico individual y la señal del precio. Para muchos escépticos del medio ambiente -como el economista del bienestar, Wilfred Beckerman-, mientras se permita que los mercados funcionen libremente, esto significa que "nunca nos quedaremos sin nada". Nada".
Para concluir, lo que vemos aquà es un proceso intelectual en el que lo mental se concibe como algo ilimitado; y a través del crecimiento económico (entendido como la aplicación del ingenio impulsado por el mercado para superar las limitaciones materiales), el mundo natural está cada vez más sujeto a -su resistencia a nuestra voluntad disuelta por- lo mental, y asà se le infunde la cualidad de lo mental de ser ilimitado. Lejos de ser la visión testaruda del pragmático, entonces, ¿qué encontramos en la "realidad económica" sino el producto de la creencia de que el mundo es mental o, más bien, se está convirtiendo progresivamente en tal?
Conclusión: cuando la fe se encuentra con la realidad
Todo lo cual podrÃa provocar la respuesta de los entusiastas del mercado: "¿Y qué? Si esta búsqueda de crecimiento es menos una cuestión de ciencia obstinada y más una especie de religión, ¿hay algo tan malo en ello? Una religión, después de todo, es un sistema de creencias que impregna la vida de uno con un sentido. El sentido del crecimiento en este caso, si uno rechaza la conclusión pesimista que Daniel Cohen le aplica, es de una búsqueda interminable para mejorar las condiciones materiales de las vidas humanas. Y esto es algo, que deberÃamos reconocer fácilmente, de lo que puede apropiarse la izquierda (desde los ecomodernistas liberales, pasando por los New Dealers verdes post-keynesianos, hasta los comunistas de lujo totalmente automatizados) tanto como la derecha. ¿No hay algo que se pueda admirar en esta fe?
Por supuesto que la hay. Entonces, ¿cuál es el problema? El problema viene cuando la fe se mantiene frente a la realidad. Entonces se convierte en una fe ciega: y es en ese punto en el que las presunciones peyorativas sobre la religión como una fuerza esencialmente irracional comienzan a adquirir su mérito. La pista que necesitamos para decirnos que hemos llegado a este punto es que los argumentos para la posibilidad de superar indefinidamente los lÃmites entrópicos del crecimiento dependen de términos literalmente fantásticos. Como el propio Ronald Reagan lo expresó:
"No existen lÃmites al crecimiento, porque... no es lo que está dentro de la Tierra lo que cuenta, sino lo que está dentro de sus mentes y corazones, porque eso es de lo que están hechos los sueños..."
