• Homo consciens

¿Cuál es una buena manera de advertir que estamos a punto de caer en un precipicio?



Fuente: The Times of Israel - Por Daniel Orenstein

Una paradoja del cambio climático


Cuando eres padre, quieres que tus hijos sepan que las cosas van a estar bien. Tienen suficiente estrés en el día a día y suficientes preocupaciones adolescentes para mantener sus mentes ocupadas. No deberían tener que cargar con el peso de los pasos en falso de la humanidad sobre sus hombros. Entonces, ¿cómo hablamos con nuestros hijos sobre el cambio climático? ¿Cómo transmitimos las duras implicaciones de las actuales emisiones de gases de efecto invernadero y su potencial para provocar un cambio climático catastrófico en los próximos 30 años, que se describe en un nuevo estudio científico de los investigadores del Instituto de Investigación Scripps? Ahí reside una paradoja parental, y la afronto cada vez que intento convencer a mis hijos (o a mí mismo) de que caminen en lugar de conducir, que opten por las lentejas en lugar de la carne, o que transpiren en lugar de encender el aire acondicionado.


Cuando eres un ecologista, quieres crear una vibración optimista que atraiga a la gente a tu mensaje. Quieres ser inteligente, carismático y entusiasta. El proverbial profeta de las esquinas con barba y con un cartel que dice "el fin está cerca" puede decirte que los mensajes de tristeza y fatalidad no motivan a la gente a la acción. Pero, ¿y si su mensaje es que la más fundamental de las actividades humanas -nuestros sistemas de energía, alimentación y transporte-, combinada con el creciente tamaño de la población, está empujando a la humanidad a un precipicio? Ahí está la paradoja de un educador medioambiental. Presentar el hecho del calentamiento global antropogénico es lo más sombrío que se puede hacer, pero queremos motivar a la gente a la acción.


Como sugiere la investigación de Scripps, ya no tenemos tiempo para endulzar el mensaje. No tenemos tiempo para continuar las interminables discusiones en los cafés sobre si el libre mercado responderá lo suficientemente rápido a los desafíos ambientales emergentes. Ciertamente no tenemos tiempo para los cuadros de políticos y expertos, desde Donald Trump a Scott Pruitt (director de la Agencia de Protección Ambiental) y Vladimir Putin, quienes, a través de su negación del clima y sus políticas imprudentes, están acelerando nuestro acercamiento al precipicio.


No hay duda de que los humanos han aumentado las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera en más de un 40% desde el comienzo de la era industrial. No hay duda de que el dióxido de carbono es un gas de efecto invernadero y su acumulación en la atmósfera, que ha hecho posible la vida humana en el planeta, puede afectar gravemente a la supervivencia de las generaciones actuales y futuras. No se puede exagerar el hecho de que más de un siglo de investigaciones científicas y la abrumadora mayoría de la comunidad científica apoyan estas conclusiones.


Sí, hay quienes dudan: personas que se oponen por motivos ideológicos o religiosos a aceptar la posibilidad de que los seres humanos puedan cambiar el curso del clima planetario, personas que están aterrorizadas ante la perspectiva de que su bienestar económico sea responsable de la destrucción del planeta (por ejemplo, las industrias de combustibles fósiles, los fabricantes de automóviles o la industria de la carne de vacuno), o personas que simplemente se deleitan en ser los disidentes intelectuales que ponen en duda el consenso científico. Incluso hay una pequeña cantidad de científicos del clima (alrededor del 3%) que proponen teorías alternativas para el calentamiento global del siglo XXI. Esto es ciertamente legítimo, pero esas teorías alternativas, no tienen apoyo de la comunidad profesional más amplia y - como se ha demostrado recientemente - varios de sus estudios publicados podrían desafiar las convenciones del método científico.


Lamentablemente, los negadores siguen conservando su influencia política y económica y su capacidad de tomar decisiones. La actual administración de los Estados Unidos está compuesta casi en su totalidad por negadores del cambio climático, y están haciendo todo lo posible no sólo para poner en duda la ciencia, sino para desfinanciarla por completo, de modo que la ciencia sea efectivamente censurada.


No podemos darnos el lujo de tener tiempo para participar en este falso debate. Los miles de artículos científicos, los numerosos registros de temperatura que apuntan al calentamiento de la atmósfera y el mar, y las docenas de recientes desastres naturales relacionados con el clima no probarán nada a alguien a quien, a priori, no le importan los hechos. Pero al clima global no le importa su opinión. Está respondiendo al aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero casi exactamente como la teoría científica lo predecía (la mayor parte del debate se centra en cuánto gas de efecto invernadero causará cuánto calentamiento atmosférico). Nosotros y nuestros hijos necesitamos saber esto.


Concluyo (quizás paradójicamente) con una nota de optimismo y un mensaje para nuestros hijos. Las respuestas - las soluciones tecnológicas y políticas - están todas en nuestra mano. Dado que afectan a todos los aspectos de nuestras vidas, desde la electricidad hasta la dieta y el tamaño de la familia, no siempre serán fáciles de implementar, pero con voluntad colectiva, podemos hacer lo que hay que hacer. Los seres humanos ya han demostrado ser expertos en abordar desafíos reales e inmediatos, desde los viajes espaciales hasta la derrota de dictadoes, pasando por el suministro mundial de alimentos y la mitigación de enfermedades. Podemos reducir nuestro impacto ambiental en el planeta. Tenemos que hacerlo, y tenemos que hacerlo ahora.


ACERCA DEL AUTOR Daniel Orenstein es profesor asociado en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo del Technion - Instituto de Tecnología de Israel. Sus intereses de investigación incluyen las interacciones hombre-naturaleza, los temas ambientales en Israel y a nivel mundial, y la participación pública en la política ambiental. Sus intereses generales son mucho más amplios.



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