El desarrollo sostenible está fallando pero hay alternativas al capitalismo
- Homo consciens
- 1 may 2020
- 4 min de lectura

Fuente: The Guardian- Por Ashish Kothari, Federico Demaria y Alberto Acosta - Julio 2015 En todo el mundo, los movimientos de justicia ambiental están desafiando el desarrollo orientado al crecimiento y el capitalismo neoliberal Ante el empeoramiento de las crisis ecológicas y económicas y las continuas privaciones sociales, en los dos últimos decenios han surgido dos amplias tendencias entre quienes buscan la sostenibilidad, la igualdad y la justicia. En primer lugar están los enfoques de la economÃa ecológica y el desarrollo sostenible que dominan la próxima cumbre sobre el clima de ParÃs y los objetivos de desarrollo sostenible para después de 2015. Hasta la fecha, esas medidas no han logrado armonizar el crecimiento económico, el bienestar social y la protección del medio ambiente. Por otra parte, los paradigmas de la ecologÃa polÃtica exigen cambios más fundamentales, desafiando el predominio del desarrollo orientado al crecimiento basado en los combustibles fósiles, el capitalismo neoliberal y las formas conexas de la llamada democracia representativa. Las falsas respuestas de la economÃa ecológica Si observamos la polÃtica ambiental internacional de las últimas cuatro décadas, el radicalismo inicial de los años 70 ha desaparecido. El documento final de la Cumbre de RÃo+20 de 2012, El futuro que queremos, no identificó las raÃces históricas y estructurales de la pobreza, el hambre, la insostenibilidad y la desigualdad. Entre ellas: la centralización del poder estatal, los monopolios capitalistas, el colonialismo, el racismo y el patriarcado. Sin diagnosticar quién o qué es el responsable, es inevitable que las soluciones propuestas no sean lo suficientemente transformadoras. Además, el informe no reconoce que el crecimiento infinito es imposible en un mundo finito. Conceptualizó el capital natural como un "activo económico crÃtico", abriendo las puertas a la mercantilización (el llamado capitalismo verde), y no desafió el consumismo desenfrenado. Se hizo mucho hincapié en los mecanismos de mercado, la tecnologÃa y la mejora de la gestión, socavando los cambios polÃticos, económicos y sociales fundamentales que el mundo necesita. En cambio, en varias regiones del mundo han surgido diversos movimientos en pro de la justicia ambiental y nuevas visiones del mundo que tratan de lograr transformaciones más fundamentales. A diferencia del desarrollo sostenible, que se cree falsamente que es de aplicación universal, estos enfoques alternativos no pueden reducirse a un único modelo. Incluso el Papa Francisco en la encÃclica Laudato Si, junto con otros lÃderes religiosos como el Dalai Lama, ha sido explÃcito sobre la necesidad de redefinir el progreso: "Es necesario cambiar los 'modelos de desarrollo global'; [...] Con frecuencia, de hecho, la calidad de vida de la gente realmente disminuye [...] en medio del crecimiento económico. En este contexto, hablar de crecimiento sostenible suele convertirse en una forma de distraer la atención y ofrecer excusas. Absorbe el lenguaje y los valores de la ecologÃa en las categorÃas de las finanzas y la tecnocracia, y la responsabilidad social y ambiental de las empresas se reduce a menudo a una serie de medidas de comercialización y de mejora de la imagen". Alternativas radicales Pero la crÃtica no es suficiente: necesitamos nuestras propias narrativas. La deconstrucción del desarrollo abre la puerta a una multiplicidad de nuevas y viejas nociones y visiones del mundo. Esto incluye el buen vivir (o sumak kawsay o suma qamaña), una cultura de la vida con diferentes nombres y variedades que surge de los pueblos indÃgenas en varias regiones de América del Sur; el ubuntu, con su énfasis en la mutualidad humana ("yo soy porque nosotros somos") en Sudáfrica; la democracia ecológica radical o swaraj ecológico, con un enfoque en la autosuficiencia y el autogobierno, en la India; y el decrecimiento, la hipótesis de que podemos vivir mejor con menos y en común, en los paÃses occidentales. Estas visiones del mundo difieren mucho de la noción actual de desarrollo, desafiando la creencia dogmática en el crecimiento económico y proponiendo en su lugar nociones de bienestar. Son internamente diversas, pero expresan valores fundamentales comunes, como la solidaridad, la armonÃa, la diversidad y la unidad dentro de la naturaleza. Ya hay miles de iniciativas que practican elementos de esa transformación socioecológica: la recuperación de territorios y formas de vida indÃgenas en las Américas, los movimientos zapatista y kurdo de autogobierno, las economÃas solidarias, las cooperativas de productores, las ciudades de transición y las monedas comunitarias en Europa, los movimientos por la tierra, los bosques y la democracia directa en América Latina y el sur de Asia, la rápida difusión de la agricultura orgánica y la energÃa renovable descentralizada en todo el mundo, y otros. Esto es lo que se ha llamado el plan C, un proyecto revigorizado de abajo hacia arriba de los bienes comunes y la solidaridad comunal. Esto serÃa una alternativa al fallido plan A (austeridad) y al no probado, pero defectuoso, plan B (crecimiento keynesiano basado en un mayor endeudamiento). La incapacidad o falta de voluntad de los procesos de las Naciones Unidas para reconocer los defectos fundamentales del sistema económico y polÃtico actualmente dominante, y para prever un programa verdaderamente transformador para un futuro sostenible y equitativo, es decepcionante. Incluso mientras la sociedad civil presiona para que se le conceda el mayor espacio posible en el programa de los SDG posteriores a 2015, también debe seguir concibiendo y promoviendo visiones y vÃas fundamentalmente alternativas. Es improbable que las nociones de bienestar radical lleguen a prevalecer en el escenario actual. Pero no es un sueño imposible. A medida que las crisis entrelazadas aumenten, cuando incluso la economÃa ecológica no cumpla su cometido -como inevitablemente sucederá-, la gente de todo el mundo se resistirá y buscará alternativas significativas. Ashish Kothari es miembro de Kalpavriksh (Pune, India) y coautor de Churning the Earth (Penguin, 2012). Alberto Acosta es profesor de Flacso (Quito, Ecuador) y autor de El Buen Vivir (Icaria, 2013). Federico Demaria es miembro de Research & Degrowth, investigador del ICTA UAB (Barcelona, España) y co-editor de Degrowth: Un vocabulario para una nueva era (Routledge, 2014). #decrecimiento #capitalismo #desarrollosostenible #limites
Fuente del artÃculo original The Guardian
La traducción de este artÃculo puede difundirse libremente citándose la fuente.
