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De la sociedad al mundo vivo: ¿hacia una doble alianza?

Actualizado: hace 7 días

Fuente: Liberation - Por Marc-André Selosse, biólogo, especializado en botánica y micología, Presidente de la Sociedad Botánica de Francia. - mayo de 2020


Para los que investigan la ecología y la evolución, el mundo natural no tiene un equilibrio más estable que el de un ciclista en su bicicleta; todo es dinámico, todo cambia; es posible sostenerse o caerse...

De la sociedad al mundo vivo: ¿hacia una doble alianza? Para los que trabajamos en ecología y en evolución, el mundo natural no tiene un equilibrio más estable que el de un ciclista en su bicicleta; todo es dinámico, todo cambia; sostenerse o caerse es posible. El mundo siempre está cambiando a través de la evolución de las especies, lo que nos obliga a evolucionar también: un virus puede cambiar de huésped (música conocida); una bacteria ordinaria de nuestro tracto digestivo (Escherichia coli) puede mutar y matar a decenas de personas al año con diarrea hemorrágica... La evolución, que es inevitable, a veces nos amenaza. Especialmente la de los microbios, porque evolucionan muy rápidamente: se reproducen rápida y masivamente (¡hay millones de miles de millones de veces más Escherichia que humanos!) y cada nuevo individuo representa una posibilidad de mutación. Y además, ¡nuestra reproducción es menos frecuente que la de estos oponentes! La buena noticia es que tenemos dos activos: nuestro sistema inmunológico y nuestra cultura. En nuestro sistema inmunológico, las células de defensa, los glóbulos blancos, acumulan mutaciones. Esta evolución acelerada los diversifica y nos da una defensa contra muchos microbios, vivos o por aparecer. Culturalmente, hemos comprendido las leyes de la evolución y la ecología: podemos luchar (con gestos de distanciamiento) o incluso anticiparnos (poco exitoso para los Covid-19; veremos por qué más adelante). Nuestra biología y cultura han sido diseñadas para que evolucionemos y podamos adaptarnos. Otra buena noticia, no todo es guerra (N.T.: en relación a "estamos en guerra contra el virus" de Macron) : los microbios también son nuestros aliados. Nuestra microbiota, el conjunto de microbios que pueblan nuestra piel y nuestro intestino, nos defienden, ayudan a nuestra digestión e incluso influyen en nuestro estado de ánimo. Ciertos virus que infectaron a nuestros lejanos antepasados sin matarlos ahora nos ayudan a funcionar, en la formación de la placenta, la secreción de nuestra saliva, o el contacto entre neuronas... Los seres vivos son también nuestros aliados.

Incomprensión Desgraciadamente, mucha gente no es consciente de este vínculo paradójico con el mundo viviente, del que formamos parte. No somos conscientes de los seres que nos alimentan, no somos conscientes de las plantas de las que respiramos oxígeno - de tantas dependencias obvias. En cuanto a los microbios, sólo los consideramos como eslabones perjudiciales. Cuando nos preguntamos sobre las enfermedades, las descubrimos como patógenos... Nunca nos hemos preguntado de quiénes depende nuestra salud, los microbios también están ahí. Nos hemos imaginado autónomos, independientes, por encima del mundo natural: jardineros del mundo, mientras que, como podemos ver, el mundo vivo puede cazarnos. Una primera alianza necesaria es contratar, hacer las pases, con el mundo vivo, al que estamos íntimamente ligados, para lo mejor y lo peor. Una segunda alianza reforazaría a la primera: y es la integración de las herramientas de la ecología y la evolución en el pensamiento y la formación de todos, en una alianza con las otras disciplinas del conocimiento. A menudo percibidas como fuentes de impuestos o restricciones reglamentarias, la ecología y la evolución también ofrecen palancas para anticiparse y actuar positivamente. Aquí hay dos ejemplos, aplicables ahora mismo. ¿Sabías que hay una solución simple contra el efecto invernadero? ¡Poner nuestros residuos orgánicos en el suelo! Aumentando la cantidad de materia orgánica en el suelo en un promedio de 0,4% cada año, almacenaríamos el equivalente a las emisiones anuales de CO2 de la humanidad. Además, esto devolvería la vida a los suelos que, bajo la agricultura convencional, carecen de materia orgánica. Están enfermos: cada vez más erosionados, retienen menos agua y los microbios necesarios para la nutrición de las plantas mueren de hambre. ¡Una sola acción resuelve todo esto! ¿Sabías que se puede luchar contra los microbios sin que desarrollen resistencia al tratamiento? Los pesticidas y los antibióticos son victorias pírricas: seleccionan los microbios que los sustentan y se vuelven ineficaces al día siguiente. En Francia, las bacterias resistentes a los antibióticos matan a 12.000 personas al año; los parásitos de las plantas empiezan a reírse de los fungicidas. Pero podemos anticipar su evolución: la pyriculariose del arroz es una enfermedad causada por un hongo que destruye la comida de 60 millones de personas al año en todo el mundo. Pero en el sur de China, en el Yuanyang, el cultivo tradicional mantiene a raya la enfermedad: los intercambios de semillas entre los agricultores permiten mezclar diferentes variedades en cada campo, cada una diferente de la otra. Un hongo que tiene éxito en una planta de arroz fracasará en su vecino; si tiene éxito en un campo, será contrarrestado en el siguiente. Un mosaico de diversidad genética se opone a la evolución de los indeseables.

El orden de las cosas Desgraciadamente, las palancas de un mundo interconectado y en evolución escapan a aquellos que sólo ven el funcionamiento de la sociedad misma y descuidan sus vínculos con el mundo. Cuando el virus se acercó a nosotros, las primeras decisiones fueron dirigidas a la economía porque se avecinaba una crisis; las segundas fueron políticas, para mantener las elecciones; luego vino la madre de todas las batallas, contra el virus. Esta inversión del orden de las cosas continuará sin la segunda alianza. Ecosistemas arruinados, el clima cambiado, microbios resistentes... las consecuencias económicas y políticas seguirán. Dentro de 30 años, la degradación del suelo obligará a migrar a entre 50 y 700 millones de personas... ¿Cuándo podremos tomar decisiones sin un poco de ecología, o sin la perspectiva temporal de la ciencia evolutiva? La segunda alianza implica la de todas las disciplinas del conocimiento, sin jerarquía pero sin ninguna ausencia. Los médicos a menudo no tienen ni la ciencia evolutiva ni la ecología en sus planes de estudio, aunque en realidad manejan la evolución de los microbios y nuestra microbiota nos hace ecosistemas microbianos. Para los responsables de la toma de decisiones económicas y políticas, como para todos los ciudadanos, un poco de ecología reconstruye las complejas implicaciones de nuestras acciones de consumo; una visión evolutiva valida la acción de un día por sus consecuencias de mañana. La comprensión de nuestro vínculo con un mundo vivo en evolución (la alianza de la vida) abre perspectivas en el concierto de nuestro conocimiento (la alianza interdisciplinaria). Sin embargo... nuestros hijos le dan la espalda. La biología, con sus apretadas agendas, ausente de la escuela primaria, ha desaparecido recientemente del Lycée después del segundo año... ¿Cómo se pueden lograr las dos prometedoras alianzas sin la próxima generación, que es tan exigente? ¿La ceguera de las generaciones actuales impediría la doble alianza? ¡Ciudadanos! Su sociedad es ese ciclista del que hablaba, dudando entre aguantar y caer: exige conocimiento y acción para elegir entre ambos.

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