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"Elogio a la Tierra"de Byung Chul Han

Actualizado: 4 de nov de 2019





REENCANTANDO EL MUNDO: El fIlósofo coreno, que cultiva en Berlín un jardín secreto, nos regala las más exquisitas palabras de amor a la tierra.


Extracto del libro "Loa a la tierra" de Byung Chul Han


El trabajo de jardinería ha sido para mí una meditación silenciosa, un demorarme en el silencio. Ese trabajo hacía que el tiempo se detuviera y se volviera fragante. Cuanto más tiempo trabajaba en el jardín, más respeto sentía hacia la tierra y su embriagadora belleza. Desde entonces tengo la profunda convicción de que la tierra es una creación divina. El jardín me transmitió esa convicción, es más, me hizo comprender algo que par mí se ha convertido en una certeza y ha asumido carácter de evidencia. "Evidencia" significa orignilmente ver. He visto.


Pasar tiempo en el jardín florido me ha devuelto una devoción piadosa. Creo que existió y que existirá el Jardin del Edén. Creo en Dios, en el creador, en ese jugador que siempre empieza de nuevo y que así lo renueva todo. También el ser humano, por ser creatura suya, está obligado a participar en el juego. El trabajo o el rendimiento destruye el juego. Es un hacer ciego, vacío, que ha perdido el habla.


Algunas líneas de este libro son plegarias, confesiones, incluso declaraciones de amor a la tierra y a la naturaleza. No existe la evolución biológica. Todo se debe a una revolución divina. Yo he tenido esta experiencia. La biología es, en último término una teología, una enseñanza sobre Dios.


La tierra no es un ser muerto, inerte y mudo sino un elocuente ser vivo, un organismo viviente. Incluso la piedra está viva. Cezanne, que estaba obsesionado con la Montaña Santa VIctoria, conocía el secreto y unas peculiares vitalidad y fuerza de las rocas. Ya Laozi enseñaba:


El mundo es como una misteriosa cáscara. No se la puede comprender. Quien quiera comprenderlo lo perderá.


AL ser una misteriosa cáscara, la tierra es frágil. Hoy nos dedicamos a explotarla brutalmente, a desgastarla y, a base de ello, a destruirla por completo.


De la tierra nos llega el imperativo de cuidarla bien, es decir de tratarla con esmero. En alemán schonen, "tratar con cuidado" está emparentado etimológicamente con das Schone, "lo bello". Lo bello nos obliga, es más, nos ordena a tratarlo con cuidado. Hay que tratar cuidadosamente lo bello. Es una tarea urgente, una obligación de la humanidad, tratar con cuidado la tierra, pues ella es hermosa, e incluso esplendorosa.


Respetar exige alabar. Las líneas que siguen son himnos, cánticos de alabanza a la tierra. Esta loa a la tierra debe sonar como una hermosa Canción de la tierra. Pero en vista de las violentas catástrofes naturales que hoy nos azotan, para algunos esa loa debería leerse como una noticia funesta. Esas catástrofes naturales son la iracunda respuesta de la tierra a la falta de escrúpulos y a la violencia humanas. Hemos perdido por completo la veneración a la tierra. Hemos dejado de verla y de oirla.



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