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Contraofensiva, Actuar y Resistir en la Complejidad

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    Homo consciens
  • hace 6 horas
  • 6 Min. de lectura

Extracto del libro de Miguel Benasayag y Sebastian Cany[i]  Contraofensiva, Actuar y Resistir en la Complejidad, Miguel Benasayag y Sebastian Cany, Prometeo Editorial, Buenos Aires, 2024.


"El humanismo occidental ha considerado como cadenas a romper lo que, en realidad, nunca ha sido otra cosa que los lazos que nos constituyen"


El paradigma mecanicista/dualista/reduccionista de la Modernidad ha cristalizado una realidad en Occidente en torno al Hombre (masculino, blanco, occidental), que debe ser el amo y propietario de la naturaleza convertida ahora en recursos (materias primas, energías, mujeres, pueblos no occidentales, etc). No se puede comprender la modernidad sin entender la separación de este sujeto humano, este hombre occidental, del mundo que habita. El antropoceno remite a un mundo de separación ontológica entre naturaleza y cultura, entre sujeto y objeto, entre masculino y femenino, entre el pensamiento y la materia, entre alma y cuerpo, con una supremacía clara a favor de uno de los polos.


Todos los otros modos de ser serán juzgados en relación con esa medida estandarizada. Es en nombre de esa medida que Occidente ha calificado a ciertos pueblos como primitivos y subdesarrollados.


En la década del sesenta el filósofo argentino Rodolfo Kusch, uno de los primeros pensadores del movimiento decolonial, definió a esa modernidad occidental y su pretensión de universalidad como “el mundo del ser”. Este se presenta a la vez como el único sentido de la historia, del devenir y del ser, cuyo corolario inmediato es que todas las demás culturas giran en torno a él, lo que equivale "a no ser". Es decir, el único proyecto aceptable es volverse un elemento más de este modelo único. Los que quedan afuera son los “nadies” los que “no son como se debe” y serán los que hay que educar, curar o eliminar.


Para quien pertenece a la modernidad, este modo de acción encarnará la figura del ingeniero, arquetipo del sujeto que se coloca por fuera del conjunto, lo estudia y lo modifica. Eje sobre el que gira la modernidad, enfrenta problemas e intenta solucionarlos.


De esta forma el mundo cartesiano será un mundo de permanente confrontación. En el centro del paradigma europeo existe el concepto, o para decirlo mejor, el deseo mesiánico, de liberar a la humanidad de todos los obstáculos que limitan su potencia. Emanciparse sería entonces liberarse de todas las determinaciones naturales y pertenencias sociales no elegidas libremente. En su deseo de dominación sobre la materia y los cuerpos, el humanismo occidental ha considerado como cadenas a romper lo que, en realidad, nunca ha sido otra cosa que los lazos que nos constituyen, nos protegen y son la condición misma de nuestra potencia de actuar.


La época de la complejidad

En el antropoceno, nuestro modo de ser está en un callejón sin salida: destruimos más de lo que producimos. Ya no se puede integrar ni metabolizar la negatividad asociada a nuestro actuar. Desde este punto de vista, la crisis del mundo occidental puede ser identificada como ese momento en el que las consecuencias destructivas de la acción humana se tornan mayoritarias en comparación con los resultados esperado y programados, que ahora parecen secundarios.


Hasta hace muy poco, la única preocupación que podía tener al abrir la puerta para usar el auto era si el tanque estaba lleno, pero hoy ya no. No se puede ignorar que un gesto tan banal como encender un auto está ligado al equilibrio de los ecosistemas. Habrá quienes retrucarán que algunas personas no están atravesadas por la angustiante cuestión de su participación en la catástrofe ecológica. No obstante, esa negación les exigirá un esfuerzo para tomar distancia –a menudo de manera provocadora o agresiva- de esta realidad que sigue siendo, guste o no, tan suya como nuestra.


Ahora bien, si los proyectos madurados y construidos según la razón han producido profundos mecanismos de degradación del planeta y sus habitantes, y si es efectivamente imposible esconderse detrás de la excusa de la inconsciencia o la ignorancia colectiva para explicar lo que sucede, hay que admitir también que la sacrosanta racionalidad que nuestras sociedades reclaman para sí, esconde prácticas altamente sacrificiales e irracionales.


"hay que admitir también que la sacrosanta racionalidad que nuestras sociedades reclaman para sí, esconde prácticas altamente sacrificiales e irracionales"

No solo hemos perdido el control, sino que debemos reconocer que el control no era más que una ilusión. En este mundo desencantado, el hombre pensaba que no tenía nada que temer, salvo a los otros hombres. Y ahora se enfrenta nuevamente a la monstruosidad de lo informe y lo desconocido. Las fuerzas devastadoras que escapan a la voluntad humana resurgen en el corazón del devenir del planeta.



La resultante C: Es el vector que produce el mismo efecto que los demás vectores del sistema y es capaz de sustituir al sistema de vectores
La resultante C: Es el vector que produce el mismo efecto que los demás vectores del sistema y es capaz de sustituir al sistema de vectores

El hombre que ocupó el lugar de las divinidades, se imaginó actuar directamente sobre la resultante, ordenando el curso de las cosas y de la historia, y ahora comprende con dolor que sólo fue un vector entre otros vectores, un ser entre seres.


¿En nombre de que “comprometerse” cuando la fe en el “Progreso” no es más una premisa, y la propia idea del bien se nos escurre entre los dedos? ¿Cómo reivindicar el justo acceso a los bienes de consumo sabiendo que el consumismo conduce a un callejón sin salida? ¿Cómo defender la justicia social en su contradicción con la justicia ecológica? En síntesis, ¿cómo actuar si la solución, hoy, forma parte del problema?


Y ahora, ese mundo que debía ser dominado, controlado y transparente, se rebela contra el retorno de los vectores y dimensiones que la modernidad se había propuesto dominar, al gran diseño moderno de un conocimiento global y totalizante, la complejidad opone un no-saber estructural, que no es ignorancia. A la racionalidad acurrucada en lo analíticamente previsible, viene a sustituirla una racionalidad aleatoria, capaz de incorporar lo aleatorio y lo impredecible. A la supuesta dirección predeterminada de los procesos, le opone la teoría de la emergencia y sus efectos de discontinuidad. A la linealidad del dispositivo medio-objetivo propio del pensamiento del ingeniero viene a recordar la irreductibilidad de una multiplicidad de vectores no convergentes, articulados dentro de sistemas multiagentes. Al deseo de completa y consistente modelización del mundo y de lo vivo, le responde con la no-representabilidad total de un conjunto complejo. En síntesis, como veremos, la complejidad nos permite comprender que el todo no es la suma de las partes sino lo que existe como dinámica al interior de cada parte. Sin contar que en los sistemas orgánicos ese todo se asemeja, a menudo, menos que las sumas de las partes.


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Al igual que todas las grandes crisis del pasado, la nuestra no enfrenta al retorno de lo indeterminado, lo heterogéneo y la angustia de lo “informe”. Se rasga el velo de la realidad y los mecanismos de producción de la malla aparecen en lo cotidiano, generando una sensación de impotencia e incluso desesperación, sin embargo, a diferencia de las crisis precedentes esta crisis no solo cuestiona nuestros modos de existencia, formas de pensar y de actuar, sino también opera a una velocidad tal que la elaboración de nuevas formas no consigue reconstruir las unidades actuantes a la altura de los desafíos que asoman.


MAS SOBRE EL AUTOR

Miguel Benasayag: Funcionar o Existir - Aquí


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