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Desde el cambio climático hasta el coronavirus, el pensamiento sistémico es clave




Fuente: South China Morning Post - Por David Carden - Febrero 2020

  • La teoría reconoce que los sistemas humanos y naturales del mundo son dinámicos y se caracterizan por complejas interrelaciones

  • Los gobiernos deben adoptar las medidas multisectoriales e interdisciplinarias necesarias para comprender y abordar el riesgo de pandemia antes de que surja.


La amenaza global que plantea el nuevo coronavirus presenta un nuevo y convincente argumento para utilizar el pensamiento de los sistemas adaptativos complejos para hacer frente a nuestros desafíos globales. Estos desafíos surgen de un conjunto de interrelaciones entre los elementos físicos, biológicos, sociales, culturales y tecnológicos de nuestro mundo. Tendremos que comprenderlos si queremos combatir eficazmente esta nueva enfermedad y otras que seguramente le seguirán.


El pensamiento de los sistemas adaptativos complejos surgió en la década de 1980. Se basa en el reconocimiento de que los sistemas humanos y naturales del mundo son no lineales, caracterizados por interrelaciones complejas, y dinámicos. Como resultado, los desafíos a los que nos enfrentamos, incluido el coronavirus, no tienen fronteras, están integrados e interconectados, a menudo de forma invisible.


El brote y la propagación del coronavirus representan un ejemplo clásico de lo que sucede cuando no logramos abordar nuestros desafíos como partes de un sistema. La demanda de determinados animales -por razones alimentarias, culturales y de otro tipo- hace que las personas estén cada vez más en contacto con animales que pueden ser portadores de virus mortales, entre los que probablemente se encuentre el coronavirus, lo que pone a la humanidad en peligro de sufrir la próxima pandemia.


Los gobiernos no han reconocido la complejidad que caracteriza a este riesgo. Por consiguiente, no han adoptado las medidas multisectoriales e interdisciplinarias necesarias para comprender y abordar el riesgo de pandemia antes de que surja. El actual brote se ha producido como resultado de este fracaso.


Todavía se desconoce mucho acerca de la naturaleza de la respuesta de China a la enfermedad emergente. Algunos creen que merece el crédito por ser agresiva. Pero parece claro que el gobierno chino hizo muy poco para empoderar a quienes podrían haber entendido y prevenido el brote. Además, durante los críticos primeros días del brote, el sistema de seguridad del Estado de China se hizo cargo de la respuesta, minimizando las preocupaciones de los profesionales médicos y otras personas con experiencia. Lamentablemente, algunos otros países dependientes de China han tardado en tomar medidas, temerosos de las represalias económicas chinas.


Imaginemos un escenario diferente. Supongamos que las autoridades chinas hubieran dado la responsabilidad principal al personal médico y científico para abordar las razones sistémicas subyacentes por las que podría surgir un virus. Los epidemiólogos podrían haber identificado los animales huéspedes del virus y hecho recomendaciones sobre cómo prevenir un brote. Los mercados de animales vivos podrían haber sido cerrados. Se podrían haber sugerido otros cambios en la forma de criar y utilizar los animales domésticos.


Se podrían haber aumentado los suministros y la capacidad de los médicos en lugares críticos. Las interacciones entre los seres humanos y los animales salvajes podrían haberse reducido al mínimo. Y otros países podrían haber sido alentados a tomar las medidas adecuadas, sin dejarse intimidar por el miedo a las represalias.


Todas estas medidas y otras habrían puesto a los funcionarios de salud pública y seguridad en una mejor posición para aislar y tratar a los primeros pacientes.


No es la primera vez que el fracaso en la aplicación de medidas interdisciplinarias basadas en un entendimiento sistémico ha empeorado una situación. El síndrome respiratorio agudo severo (Sars) es un buen ejemplo. El fracaso mundial en la respuesta al cambio climático es otro. Si no se comprende que los desafíos globales como el coronavirus surgen debido a las relaciones entre los complejos sistemas de adaptación y entre ellos, la crisis actual no será la última.


Hay razones para el optimismo. El reconocimiento de la naturaleza interconectada de los sistemas humanos y naturales ha llevado a algunos a aplicar los principios de la teoría de los sistemas adaptativos complejos a las relaciones internacionales y a la solución de los desafíos mundiales.


El ejemplo más claro son los Objetivos de Desarrollo Sostenible (SDG) adoptados por las Naciones Unidas en 2015. Los 17 objetivos son un plan cohesivo e integrado para hacer frente a las fuerzas económicas y sociales que amenazan a las personas y al planeta. Reconocen que cada uno de los objetivos, y su logro, es interdependiente.


Lamentablemente, el impulso político de los SDG se ha desvanecido a medida que el orden social y económico internacional ha sufrido cambios sísmicos, incluido el aumento del nacionalismo y las guerras comerciales. Sin embargo, los SDG proporcionan un marco sólido para aplicar medidas basadas en sistemas, especialmente porque los países tienen flexibilidad en las estrategias que adoptan para cumplirlos.

Los mayores problemas de hoy en día desafían las soluciones simples y miopes. Podemos mejorar nuestras posibilidades de resolverlos si los definimos de forma precisa y completa, pero para ello serán necesarias varias cosas.


  1. En primer lugar, y lo que es más importante, tenemos que facultar a las instituciones, especialmente las que tienen carteras multilaterales, para que estudien y comprendan los complejos sistemas de adaptación de los que dependemos para proponer soluciones prácticas y duraderas a los problemas mundiales.

  2. En segundo lugar, es necesario elaborar un relato que explique el valor de los sistemas interrelacionados y que los medios de comunicación alienten a socializar la idea entre todas las partes interesadas. La educación nos ayudará a superar los límites de un pensamiento anticuado y unidimensional que se centra únicamente en responder a nuestros desafíos.

  3. En tercer lugar, necesitamos incentivar las alianzas entre los gobiernos, el sector privado, las organizaciones no gubernamentales y el público.

Por último, los gobiernos necesitan repensar su arquitectura. Facultar a los ministerios y organismos para gestionar áreas y cuestiones específicas, sin crear mecanismos para que trabajen de forma coordinada, es una receta para una acción ineficaz e incluso perjudicial.


La comprensión y aplicación de los conceptos de sistemas adaptativos complejos puede no impedir el próximo brote de virus. Pero si no los utilizamos, estaremos asegurando la próxima pandemia.


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