• Homo consciens

Vivir un estilo de vida compatible con 1,5° C es difícil





Fuente: Tree Hugger - Por Lloyd Alter - Febrero de 2020


Pero lo tengo fácil comparado con la mayoría de los norteamericanos.


Como he escrito en "¿Puede usted vivir el estilo de vida que nos mantenga en +1,5°C?" , me he comprometido a tratar de vivir un estilo de vida compatible con que la temperatura no suba más que 1,5°C en comparación con la época preindustrial, lo que significa limitar mi huella de carbono anual al equivalente de 2,5 toneladas métricas de emisiones de dióxido de carbono, el máximo promedio de emisiones per cápita basado en las investigaciones del IPCC. Eso equivale a 6,85 kilogramos por día.


Ha habido silencio de radio sobre mi experimento durante aproximadamente un mes; el motivo es que averiguar cómo hacerlo es realmente difícil. Los datos están esparcidos por todos lados; había dicho que iba a confiar en el libro de Mike Berners-Lee 'How Bad Are the Bananas?' y seguir el ejemplo de Rosalind Readhead y documentar cada cosa que como o hago; ella cuenta cada tweet y cada rábano. El problema es que te puedes quedar realmente atascado en las minucias y, si estás tratando de crear una hoja de cálculo, se vuelve realmente ridículo.


Pero como se ha notado en el Estilo de Vida de 1,5 grados: Objetivos y opciones para reducir las huellas de carbono, hay "puntos calientes":


"Centrar los esfuerzos en cambiar los estilos de vida en relación con estas áreas produciría los mayores beneficios: consumo de carne y lácteos, energía basada en combustibles fósiles, uso del coche y viajes aéreos. Los tres ámbitos en los que se producen estas huellas -nutrición, vivienda y movilidad- tienden a tener el mayor impacto (aproximadamente el 75%) en el total de las huellas de carbono del estilo de vida."


No puedo hacer mucho más respecto al impacto de la vivienda de lo que ya he hecho (es decir, reducir el espacio que ocupo a la mitad), por lo que es la focalización en la nutrición y la movilidad las que tendrán el mayor efecto.


Seguir la dieta fue lo más difícil, listando cada alimento, tratando de averiguar todo lo que contiene, sacando la balanza digital para pesarlo.

Pero entonces eché un vistazo más de cerca a la gráfica de emisiones de gases de efecto invernadero por cada 1000 kilocalorías de alimentos preparada por Our World in Data, una forma mucho más sensata de mirarla que las emisiones por kilogramo de alimentos, ya que la densidad calórica puede variar mucho. Y se puede ver que hay una gran diferencia entre los plátanos y las brasicáceas o crucíferas (coles de Bruselas y familia) y los huevos, y luego entre los huevos y la carne. Decidí que debería preocuparme por rastrear los grandes números, siguiendo el método utilizado por Jean-Christophe Mortreux de Reducciones de Emisiones Ahora, que ha estado rastreando su huella de carbono con una hoja de cálculo elaborada, pero sólo tiene una asignación para una comida vegetariana. Como muchos de los valores de CO2 del cuadro precedente, que están por debajo de las bananas son bastante parecidos, pensé que era una buena idea focalizarme en los grandes artículos de forma independiente. Esto hizo mucho más fácil construir la hoja de cálculo.


Hay ciertos artículos que trato como fijos; tomé el 60 por ciento de nuestra factura de gas que cubre la calefacción y separé el agua caliente, ya que sé por Mike Berners-Lee el impacto de una ducha o un baño. Con cada bombilla de nuestra casa siendo de LED y nuestra energía eléctrica 95 por ciento libre de carbono, no me molesto en rastrear cada uso eléctrico y sólo aplico una cantidad fija. En la primera iteración de la hoja de cálculo incluí el carbono incorporado estimado de mis aparatos electrónicos, pero eso hizo que los elementos fijos subieran tanto que golpear el objetivo fuera casi imposible, y ¿por qué sólo los aparatos electrónicos? ¿Por qué no mi lavadora y secadora y otros aparatos? Decidí que incluir todo el carbono inicial o incorporado era demasiado difícil de calcular y demasiado para preocuparse.


Una cosa que sí quise rastrear cuidadosamente es mi uso de Internet. Entre el trabajo y la investigación, estoy en mi ordenador al menos 12 horas al día. Aquí tampoco, los números están claros; algunos estudios dicen que un gigabyte de datos toma 7 kWh; eso es ridículo. Otro estudio que encontré dice que 0,06 kWh/GB, o 60 Wh, y no tengo ni idea de qué valor usar para convertirlo en gramos de carbono. Jean-Christophe Mortreux utiliza 123 gramos por gigabyte, que es lo que he utilizado en esta hoja de cálculo por ahora y es la uno de los mayores gastos la mayoría de los días; es menor los martes porque estoy fuera enseñando la mitad del día.


Un par de cosas son inmediatamente obvias: La única razón por la que puedo acercarme al objetivo es que trabajo desde casa y vivo en una parte de la ciudad donde puedo ir en bicicleta a todas partes, y no ha nevado lo suficiente como para cerrar los carriles bici. Gracias al anterior gobierno liberal de Ontario que cerró todas las plantas de energía a carbón, nuestro suministro de electricidad es 95 por ciento libre de carbono. No he tenido que hacer cambios serios en mi estilo de vida, aparte de renunciar a la carne roja, que de todas formas sólo comíamos ocasionalmente. Tampoco salgo mucho; una noche con un taxi compartido de 4 millas a casa el 1 de febrero hizo un agujero gigante en mi presupuesto. Y la semana que viene tengo que volar a Nueva York para encontrarme con la gente de Dotdash que ahora es dueña de TreeHugger; eso podría arruinar el presupuesto de todo el proyecto.


¿Es una opción realista para la mayoría de la gente? Cuanto más me implico en el proyecto, menos convencido estoy. Me preocupa que esté sufriendo lo que Jarrett Walker llama "proyección de la élite".


La proyección de élite es la creencia, entre gente relativamente afortunada e influyente, de que lo que esa gente encuentra conveniente o atractivo es bueno para la sociedad en su conjunto.


Resulta que hace años elegí vivir en un suburbio lo suficientemente cerca del centro de la ciudad como para poder ir en bicicleta a todas partes. Trabajo en una casa en la que puedo permitirme reducirla de tamaño. Puedo ir a pie a cuatro grandes tiendas de comestibles diferentes. Compré una linda bicicleta eléctrica. Mi esposa solía escribir sobre comida y puede preparar maravillosas comidas vegetarianas.


Me estoy dando cuenta de que para que otros puedan hacer esto, necesitamos un cambio social; necesitamos viviendas buenas y eficientes construidas en densidades que puedan soportar el tránsito, que sean transitables a pie y en bicicleta para que la gente no tenga que conducir. Entonces realmente se convierte en una cuestión de cambios menores en la dieta y en las opciones de viaje. Para el 73 por ciento de los norteamericanos que viven en los suburbios y que están prácticamente obligados a conducir, hacer esto sería casi imposible.


¿Vale la pena hacerlo? Creo que sí, aunque sólo sea como un ejemplo para mis estudiantes, y voy a seguir haciéndolo por lo menos durante el trimestre. Estén atentos a las actualizaciones, y a una hoja de cálculo descargable con la que los lectores puedan jugar.


#emisiones #1.5° #calentamientoglobal #vegetariano #estilodevida

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