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Bisfenol tipo a (BPA), qué es y cómo nos afecta

Autor: Alejandro Thamm, para Climaterra.


El bisfenol A (BPA) es una sustancia química sintética, es decir una sustancia que no se encuentra en la naturaleza, que ha sido sintetizada por el hombre. Se lo utiliza como aditivo en la industria plástica. Toma parte en la elaboración de policarbonatos y resinas epoxi, entre otros. Muchos envases plásticos para alimentos están hechos con policarbonato. También el recubrimiento interior de las latas de conserva, se realiza con resina epoxi. De modo que muchos de los alimentos que ingerimos a diario, están en contacto con plásticos que contienen bisfenoles antes de llegar a nuestro plato.


Algunas de las aplicaciones de los bisfenoles


Varias investigaciones han demostrado que el BPA puede migrar de los envases, a los alimentos o las bebidas que estos contienen. La exposición al BPA es una preocupación debido a los posibles efectos sobre la salud del cerebro y la próstata de fetos, bebés y niños. También se ha encontrado que afecta el comportamiento de los niños. Hay investigaciones que sugieren una posible relación entre el BPA y el aumento de la presión arterial, la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares.


Es conocido el efecto del bisfenol como disruptor endócrino, y existe evidencia de que puede afectar múltiples vías endocrinas.


Proponen cambiar el límite de la Ingesta Diaria Tolerable y reducirla drásticamente


En 2015 , una evaluación de la Autoridad de Seguridad Alimentaria Europea (European Food Safety Authority, o EFSA) había fijado la Ingesta Diaria Tolerable (Tolerable Daily Intake o TDI) en hasta 4 microgramos por kg de peso por día. La propuesta que ha presentado este mismo organismo en noviembre de este año, es llevarla a 40 picogramos. Es decir que se busca reducirla en un factor de 100.000. Parece un cambio muy brusco, ¿No?


¿Y qué significa eso?


Que la cantidad que hasta hoy es permisible ingerir en un sólo día – sin causar efectos negativos en la salud - , ahora esa misma dosis, sólo sería aceptable si es ingerida a lo largo de 100.000 días, que es lo mismo que decir a lo largo de 273 años, 9 meses, y algunos días más.


Un cambio de esta magnitud debiera hacernos reflexionar sobre en qué medida las autoridades aceptan el uso de sustancias químicas sin los debidos estudios previos sobre los efectos de los mismos en el medio ambiente y la salud.


Una historia que se repite


Esta es una historia que se repite y se repite: La industria química produce una sustancia nueva. Se le encuentran a esta sustancia propiedades, ya sea terapéuticas o aplicaciones en la industria. La empresa que desarrolló la sustancia realiza algunos estudios en los que encuentra que la sustancia no representa peligro para la salud o el medio ambiente. Paso siguiente, solicita a las autoridades la aprobación de la sustancia para su uso comercial. Las autoridades aprueban la sustancia basadas en los estudios realizados por la empresa - que en general son insuficientes e incompletos - y la nueva sustancia - ahora transformada en producto – se pone a la venta. Con el tiempo - y esto en general lleva años – se empiezan a encontrar evidencias que que la nueva sustancia no es tan inocua como la habían presentado sus fabricantes, y que tiene un efecto negativo en la salud de las personas, o en el medio ambiente en general. Pasan los años, y las evidencias se acumulan. Cada vez son más los estudio científicos que ponen en claro la conexión que existe entre la nueva sustancia y su efecto negativo. Eventualmente la evidencia es tan abrumadora, que las autoridades mismas proponen prohibir esa sustancia, o limitar su uso y aplicación. Mientras tanto, el daño ya está hecho.


Para ejemplos bástenos recordar el caso del cigarrillo, el uso de DDT, incluso rociándolo sobre las personas, la talidomida como anti-nauseoso para embarazadas, el uso de CFC en envases de aerosoles y su efecto en la capa de ozono, etc., etc.


Nunca mejor dicha la frase: Cuando las autoridades fijan límites permisibles para un contaminante en el medio ambiente o para una sustancia en el cuerpo humano, lo que en realidad están haciendo es fijar un permiso para que las empresas puedan contaminar hasta ese nivel, sin infringir la ley.


Llamado a consulta pública (en la Unión Europea)


Desde el 15 de Diciembre y hasta el 8 de Febrero de 2022. la Autoridad de Salud Alimentaria Europea ha abierto un período de consulta pública, sobre los bisfenoles, en el todos pueden participar. Claro está, que seguramente las empresas interesadas (económicamente interesadas) se deben estar preparando desde mucho antes para hacer sus presentaciones en defensa del bisfenol A, o incluso, podría suceder – como ya ha sucedido otras muchas veces – que ya no tengan interés en defender el bisfenol A, y que propongan un nuevo producto en su reemplazo. Un producto que aún no ha sido aprobado, del que sólo se tienen estudios hechos por la empresa que lo desarrolló, y que esos estudios dicen que el producto es seguro y que es inocuo. Y así, la historia se repite.


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