Psicópatas al poder: la selección natural del capitalismo
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Por Carolina Flynn para Climaterra - Marzo 2026
Cuando trato de entender la situación de distopia en la que estamos -el nivel de maldad, idiotez, crueldad, mentira, incultura, deslealtad, distorsión de la realidad con la que nos envuelven cada día nuestros "líderes democráticos" y "medios de información"- siempre termino pensando en que no podría ser de otra manera en un sistema que lo único que privilegia, el único valor que respeta es el dinero y el poder.
Y leyendo el texto de Favio Vighi en The Philosophical Salon sobre el caso Epstein, hay un párrafo que lo resume todo TAN bien. Dice Vighi: "Lo primero que hay que destacar es que no se trata solo de «los archivos de Epstein», sino del rastro de una civilización que se ha reproducido sistemáticamente a través de formas organizadas de violencia. El capitalismo y el abuso sexual se rigen por la misma lógica depredadora: la capacidad de deshumanizar a los demás y explotar su vulnerabilidad para obtener beneficios. Dentro de ese sistema, los rasgos que convierten a alguien en un multimillonario de éxito son inquietantemente similares a los que permiten la violación, la pedofilia y la violencia genocida. Para ser claros, el capitalismo no solo tolera las personalidades depredadoras, sino que las fomenta."
Y acá entramos en el corazón del problema: El paradigma mismo de la civilización que construimos, es decir la ideología que permea todo el ambiente social en que nos movemos -mecanicista, materialista, racionalista, reduccionista, antropocentrista- es el que sienta las bases del modelo capitalista.
Y este sistema funciona como un proceso de selección evolutiva… pero de rasgos psicopáticos. Hemos creado un entorno económico y social que promueve una selección artificial de determinados rasgos. Hoy, los individuos que priorizan el dinero y el poder sobre la ética, la justicia, la honestidad, la empatía y los resultados a corto plazo son los que alcanzan la cima. Y esto no sólo en las corporaciones, sino en todos los sectores del sistema.
Los valores que nos mueven, y el marco del mundo en el que nos educamos y criamos -es indudablemente uno de competencia, eficiencia, utilitarismo, individualismo y donde el único objetivo que cuenta es el tamaño de la cuenta bancaria y, luego, mostrar nuestra "valía" como mercancías en las redes sociales (cuando se puede, dependiendo del escalón de depredación en que nos encontremos).
Muy lejos quedaron cualquier idea de verdad, bondad, justicia y de ética, lealtad, moralidad como guías del accionar humano.
Vivimos en el Reino de la Cantidad, como escribió René Guenon y en una cultura donde "todo tiene un precio". Y acercándonos, peligrosamente, al precipicio de las posibilidades de esa materialidad.
Pregunto: dentro de este marco, quiénes serán los que puedan llegar a los más altos cargos? ¿Es posible pensar, dentro de este sistema de valores, en una mejora del tipo humano que esté a cargo de liderar la sociedad humana?
Claro que no.
Es indudable que estamos en un momento de decadencia de nuestros "representantes", cada vez los peores ejemplares se hacen con las funciones de mando (los más inescrupulosos, mentirosos, menos capaces, menos cultos) y cada vez se produce un acrecentamiento de características y acciones impensables años atrás: ya no hay miedo a mentir descaradamente, a cambiar de parecer en cuestión de horas, a decir vulgaridades y agresiones verbales. Ya no hay transgresión ni tabú que no se atrevan a cometer.
Se derraman como virus en la sociedad discursos llenos de odio, vulgaridad, mentira, inflamación de las pasiones. Se muestran sin tapujos actos de crueldad y sadismo a cielo abierto con orgullo y se transmiten en las redes sociales como cuestiones honorables, ya nadie se espanta y ninguna institución, en una civilización occidental supuestamente regida por los principios de los derechos humanos y la justicia, ejerce ningún tipo de acción. El caso Epstein muestra descarnadamente cómo se puede cometer los peores actos humanos y no enfrentar ningún problema judicial.
Y a medida que los límites se van transgrediendo nos encontramos en una peligrosa espiral descendente, donde todo parece posible. donde la crisis terminal de sentido, la hegemonía de lo cuantitativo señala no un triunfo, sino el agotamiento de un mundo.
El capitalismo como entorno evolutivo
Podemos entender al capitalismo como un entorno evolutivo particular, alentando ciertos rasgos y desalentando otros.
En este caso, ¿Cuáles son las cualidades que aumentan las probabilidades de éxito dentro del sistema? Obviamente si se quiere llegar "triunfar" en este entorno se necesita competitividad extrema, frialdad emocional, poca culpa, falta de empatía, capacidad de instrumentalizar a otros. Pero estos rasgos -nos dicen los especialistas- son notablemente similares a los rasgos asociados con la psicopatía funcional.
El resultado es una especie de selección cultural adversa: cuanto más adaptado está un individuo a la lógica del sistema, más probable es que posea características psicológicas que, en otros contextos, consideraríamos profundamente problemáticas.
Esta es la clave para entender por qué el mundo se siente como se siente hoy. La selección de rasgos que mencionamos (baja empatía, alta competitividad, enfoque en resultados cuantitativos) no queda encerrada en Wall Street; actúa como un molde que presiona a toda la sociedad.
Cuando un sistema es exitoso (y acá el éxito es considerado sólo como monetario) se vuelve dominante todas las demás estructuras empiezan a copiar su forma para sobrevivir o parecer legítimas.
Adiós a la solidaridad, a la cooperación, a la honestidad, a la lealtad, a la verdad. En el sistema actual se paga caro por la adhesión a estos valores. Y en la cumbre del poder, su ejercicio implicaría la eyección instantánea.
Estamos viendo y viviendo los resultados de haber creado una civilización diseñada para ser operada por "psicópatas funcionales". Y esto no es gratis.
Hoy todo es monetizable; el ser humano se ha convertido en un recurso más, una pieza válida dentro de las reglas del sistema que diseñamos. Todo se reduce a datos, cantidades y negocio:
La guerra y el genocidio: La muerte alimenta al gigantesco complejo industrial armamentístico.
La captura de la atención: Aquello que nos define y nos permite pensar está siendo extraído para enriquecer a Silicon Valley. Miles de horas de vida humana se monetizan mediante la adicción a las redes, provocando una epidemia de soledad y crisis de salud mental.
El deporte: Evolucionó de ser un juego en el que participábamos a un espectáculo y un negocio colonizado por las casas de apuestas y las corporaciones.
La sexualidad: Se ha transformado en pornografía privatizada a través de plataformas como OnlyFans, donde la supuesta "liberación" femenina se traduce en autoexplotación, sustituyendo al proxeneta tradicional por una estructura corporativa. O las aplicaciones cómo Tinder.
El consumo y la salud: La industria se vuelca a la obsolescencia programada y a la creación de ultraprocesados que garantizan la compra continua y la enfermedad crónica.
La ciencia y la academia: La investigación ha sido cooptada por capitales privados, distorsionando la búsqueda de la verdad en favor de intereses específicos.
El lucro en la salud: Un ejemplo trágico es la crisis de los opioides en EE. UU., que ha cobrado un millón de vidas en una década cuando las farmacéuticas priorizan las ganancias sobre la ética médica.
El patrimonio humano: Nuestro ADN, nuestra privacidad y el conocimiento acumulado por la especie están siendo secuestrados por una pequeña élite para su beneficio exclusivo.
El capitalismo, en síntesis, funciona como un proceso de selección evolutiva… pero de rasgos psicopáticos.
Los estudios que validan la preeminencia de psicópatas en puestos de poder
Es fascinante y aterrador ver cómo los datos respaldan lo que venimos diciendo:
El estudio de Kevin Dutton en su libro The Wisdom of Psychopaths, sostiene que, efectivamente, entre nosotros hay «psicópatas funcionales» —diferentes de sus homólogos asesinos— que utilizan su personalidad distante, imperturbable y carismática para triunfar en la sociedad convencional y que, sorprendentemente, en algunos campos, cuanto más «psicópatas» son las personas, más probabilidades tienen de triunfar.
Dutton sugiere que la sociedad moderna ha construido pedestales para los rasgos psicopáticos. Si el éxito se mide únicamente por la acumulación, entonces el psicópata es, por definición, el individuo más "evolucionado" o adaptado al capitalismo.
El libro fue escrito en 2013, creo que si se hiciera el análisis hoy todo veríamos que estas características se han profundizado. La selección natural sigue operando.

La única solución: el cambio del paradigma
Hemos creado una forma de ver la vida y el mundo, un paradigma. Ahora con estos lentes no podremos más que seguir profundizando la multicrisis y distopia en la que nos encontramos. Es importante que entendamos que dentro de este entorno, dentro de este paradigma, NO HAY SOLUCION.
La frase de Margaret Thatcher, "No hay alternativa" es correcta dentro de este marco que hemos creado. En el capitalismo, cuidar del otro, ser bondadoso, ser honesto, empatizar es una debilidad por la que se paga caro.
Absorbamos esto: cuidar, ser bueno, ser honesto, querer al otro, es penalizado. Es una debilidad. Si el diseño sistémico premia la insensibilidad, ¿Qué podemos esperar del futuro? ¿Qué podemos esperar a medida que la "selección natural" siga eligiendo los especímenes humanos menos éticos y más cegados por el poder y el dinero?
Nadie piensa que la maldad, la crueldad y el egoísmo puedan ser eliminados totalmente de la condición humana. Siempre habrá psicópatas, personas obsesionadas por el dinero y el poder capaces de hacer cualquier cosa para conseguirlo. Sin embargo, algo muy distinto es entronizarlas y premiarlas, convirtiendo sus rasgos en requisitos de supervivencia. Esta es una decisión de diseño asistida por una interpretación reduccionista y errónea de la teoría evolutiva darwiniana.
Desandar esta trayectoria no va a ser fácil. Creo, a la luz del genocidio y la guerra de EEUU e Israel contra Irán, que hemos perdido la oportunidad de hacerlo sin un sufrimiento a gran escala.
Y lamentablemente para todos los activistas que queremos ir directo a cambiar el mundo, la transformación necesaria es lenta, y debe ser primero interna, de estructura mental, de lentes con los que miramos la realidad.
Necesitamos reconsiderar casi todo lo que se nos ha dicho y enseñado, casi todo lo que hemos aprendido como cierto y volver nuestras mirada a nosotros mismos, a la naturaleza, a nuestra propia esencia. Hacer permacultura interior.
Por suerte tenemos una fuente de conocimientos a disposición en tradiciones milenarias y ancestrales y -más recientemente- en estudios científicos que nos vienen dando nuevas formas de entender la biología, la física, la Tierra, y a nosotros mismos.
Lo extraño es que mucho de lo último y más novedoso de la ciencia del siglo XXI (Física cuántica, Teoría de Endosimbiosis, Hipótesis Gaia, Ciencias de la Tierra, Autopoiesis, Epigénetica, etc) y tradiciones ancestrales americanas y orientales convergen en otra forma de entender la vida y el universo: ya no desde la separación del individuo-naturaleza -y por ende de la competencia- sino de la interdependencia, la colaboración y la interrelación como motores de la evolución y de la existencia.
Mientras que el budismo llegó a estas conclusiones mediante la introspección y la meditación, la ciencia ha llegado a ellas mediante la observación empírica.
Pero al final, miremos por dónde lo miremos, existir es estar en relación, nada existe por sí mismo sino en una red de vínculos, y mientras no podamos entender esto intelectualmente y luego experiencialmente seguiremos en esta trayectoria descendente, inhumana, cruel, vergonzante y distópica en la que estamos hoy.
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