65 segundos de capacidad de atención: ¿Podemos recuperarla?
- Homo consciens
- 28 abr 2023
- 9 Min. de lectura

Fuente: Irish Times - Por Johann Hari - 9 de enero de 2022
Johann Hari es un escritor britÔnico autor de dos best-sellers sobre drogas y depresión.
SerƔn necesarias medidas radicales para recuperar nuestra independencia de nuestros dispositivos
Nuestra capacidad de atención y concentración estĆ”n en caĆda libre. El estudiante universitario medio sólo se concentra en una tarea durante 65 segundos. El oficinista medio sólo se concentra en una tarea durante tres minutos.
Me preocupó tanto este Ôcido lento que se estÔ vertiendo sobre nuestra atención que, para mi nuevo libro, pasé tres años investigando las razones por las que esto estÔ ocurriendo, entrevistando a mÔs de 200 de los principales expertos y viajando por todo el mundo en busca de respuestas: de Miami a Moscú, pasando por Melbourne. Aprendà que hemos estado pensando en este problema de una manera demasiado simplista.
BĆ”sicamente tenĆa dos respuestas cuando sentĆa que mi atención se debilitaba: o me culpaba a mĆ mismo o culpaba a mi telĆ©fono. Pensaba que era perezoso o que mis dispositivos me habĆan secuestrado. En realidad, lo que aprendĆ es que hay 12 grandes causas de nuestra crisis de atención, que estĆ”n muy arraigadas en nuestra forma de vivir.
Para recuperar nuestro cerebro, llegué a la conclusión de que debemos adoptar dos estrategias paralelas. La primera es protegernos a nosotros mismos y a nuestros hijos, como individuos, en la medida de lo posible, de las fuerzas que nos roban la atención. La segunda es unirnos y enfrentarnos a las fuerzas mayores que invaden nuestra atención, para detenerlas. Ambas cosas son esenciales si queremos rescatar nuestro superpoder como especie: nuestra capacidad de concentrarnos y pensar en profundidad.
Creo que es mĆ”s fĆ”cil ver ambas huellas si nos fijamos en una de las fuerzas que todos podemos ver que estĆ” daƱando nuestra atención: nuestra relación actual con nuestra tecnologĆa.
AprendĆ de Molly Crockett, una destacada profesora de psicologĆa de la Universidad de Yale, que hay una tĆ©cnica crucial que puedes utilizar cuando quieres refrenarte a nivel personal de hacer algo perjudicial. Se llama "compromiso previo".

Se trata de cuando tienes un objetivo que quieres alcanzar, pero sabes que mĆ”s tarde podrĆas bajar la guardia y quebrarte. No quieres comerte las papas fritas. No quieres mirar el móvil cuando estĆ”s con tu hijo. Pero lo haces de todos modos. Para evitar que eso ocurra, puedes tomar medidas que limiten tu propia capacidad de tomar una mala decisión en el futuro: puedes "precomprometerte".
Para seguir su consejo, comprĆ© algo llamado K-Safe. Es una pequeƱa caja fuerte de plĆ”stico que se abre por arriba. Pones el telĆ©fono dentro, tapas y giras la parte superior para determinar el tiempo que quieres guardarlo. Luego se queda encerrado, asĆ que tendrĆas que romperlo con un martillo para sacar el telĆ©fono.
También he instalado en mi portÔtil una aplicación llamada Freedom, que te desconecta completamente de Internet durante el tiempo que le digas. Cuando utilizas estas dos técnicas, evitas que tu yo del futuro se resquebraje, cambie de opinión y haga clic en Twitter.
Estas técnicas me ayudaron mucho; no creo que hubiera podido terminar mi libro sin ellas. Pero hasta ahora, casi todos los libros que hablan de nuestra crisis de atención se centran en soluciones individuales como éstas; han sido, de hecho, libros de dietas digitales.
Creo que tenemos que empezar a acordar con la gente. Las soluciones individuales pueden marcar la diferencia. Estoy totalmente a favor de ellas. Las muchas que he seguido -y que describo en mi libro- han mejorado mucho mi vida. Pero no son suficientes.
Actualmente, vivimos en un entorno que invade sistemÔticamente nuestra atención. Los factores que estÔn dañando nuestra atención son muy profundos. EstÔn incluso en los alimentos que comemos y en el aire que respiramos.
Por sĆ solos, los cambios personales no rescatarĆ”n nuestra atención. Tenemos que unirnos y dar pasos mĆ”s grandes para detener las fuerzas que estĆ”n destruyendo nuestra atención. AprendĆ mucho sobre cómo podrĆamos hacerlo en Silicon Valley, donde conocĆ a muchas de las personas que han diseƱado aspectos clave de la tecnologĆa a la que nos dedicamos las 24 horas del dĆa.
A lo largo de tres años, entrevisté muchas veces al antiguo ingeniero de Google Tristan Harris, que posteriormente se convirtió en estrella viral del documental The Social Dilemma. Me explicó que cuando se estaba inventando Gmail, le asignaron trabajar en el desarrollo de la aplicación.
Un dĆa, oyó a un ingeniero decir entusiasmado: "ĀæPor quĆ© no hacemos que suene tu telĆ©fono cada vez que recibimos un correo electrónico? Todo el mundo estarĆa encantado". Unas semanas mĆ”s tarde, los telĆ©fonos empezaron a zumbar en los bolsillos y cada vez mĆ”s gente miraba Gmail muchas mĆ”s veces al dĆa. OĆa esas vibraciones allĆ” donde iba, como una especie de canto de pĆ”jaro digital, y se dio cuenta de que Ć©l y su equipo habĆan hecho eso, y estaba ocurriendo en todas partes.
Tristan se dio cuenta de que eran responsables de mĆ”s de 10.000 millones de interrupciones diarias y de que, una vez que te interrumpen, tardas una media de 23 minutos en volver al mismo nivel de concentración que tenĆas antes de que te molestaran.
Se lo dijo a un auditorio mÔs tarde: "Quiero que imaginen que entran en una sala. Una sala de control, con un montón de gente, cien personas, encorvadas sobre un escritorio con pequeños diales, y que esa sala de control darÔ forma a los pensamientos y sentimientos de mil millones de personas". Puede sonar a ciencia ficción, pero es algo que ya existe. Lo sé porque yo trabajé en una de esas salas de control".
Incluso mientras trabajaba en ello, revisaba obsesivamente su propio correo electrónico, lo que le hacĆa estar menos concentrado.
Un dĆa, su amigo James Williams -otro estratega de Google- se dirigió a una audiencia de cientos de destacados diseƱadores tecnológicos y les hizo una sencilla pregunta. "ĀæCuĆ”ntos de vosotros querĆ©is vivir en el mundo que estĆ”is diseƱando?". Se hizo el silencio en la sala. La gente miró a su alrededor. Nadie levantó la mano.
Las personas que habĆan trabajado en el corazón de esta mĆ”quina me dijeron que para entender por quĆ© las redes sociales, en este momento, son tan malas para tu atención, necesitas saber una cosa. El hecho de que destroce tu atención no es inherente a las redes en sĆ. Ocurre por una razón mĆ”s especĆfica.
Tu distracción es su combustible. Asà que aprenden qué es lo que mÔs te atrae, y se centran en ello sin piedad.
ĀæPor quĆ© no nos podemos despegar del celular? ĀæQuĆ© es el diseƱo "persuasivo"? - aquĆ
Cada vez que abres Facebook, estas empresas ganan dinero de dos maneras. La primera es obvia: te desplazas por tu feed y ves anuncios. La segunda es mĆ”s sutil y mucho mĆ”s valiosa. Cada vez que envĆas un mensaje o una actualización de estado en Facebook, Snapchat o Twitter, y cada vez que buscas algo en Google, todo lo que dices se escanea, clasifica y almacena. Estas empresas estĆ”n creando un perfil suyo para venderlo a los anunciantes que quieran dirigirse a usted.
Por ejemplo, a partir de 2014, si utilizas Gmail, Google escanearĆ” toda tu correspondencia privada para generar un "perfil publicitario" exacto para ti. Si, por ejemplo, envĆas un correo electrónico a tu madre diciĆ©ndole que necesitas comprar paƱales, Gmail sabrĆ” que tienes un bebĆ© y te enviarĆ” directamente anuncios de productos para bebĆ©s. Si utilizas la palabra "artritis", intentarĆ” venderte tratamientos para la artritis.
Cada vez que sueltas el telĆ©fono, las empresas pierden estas dos fuentes de ingresos. AsĆ que sus productos estĆ”n diseƱados, deliberadamente, para captar y mantener al mĆ”ximo tu atención. Los ingenieros mĆ”s inteligentes del mundo se pasan el dĆa pensando cómo hacer que cambies de tarea y te dirijas a su sitio web.
Tu distracción es su combustible. AsĆ que aprenden quĆ© es lo que mĆ”s te atrae y se centran en ello sin piedad. Te entrenan para que ansĆes las recompensas que ofrecen sus sitios. AsĆ que, como Tristan explicó claramente el problema cuando testificó ante el Senado de EE.UU.: "Puedes intentar tener autocontrol, pero hay mil ingenieros al otro lado de la pantalla trabajando contra ti".
La solución mĆ”s profunda, me dijeron muchas personas que habĆan estado en el corazón de estas empresas, es ir al corazón del problema: el propio modelo de negocio. Como me argumentó la destacada diseƱadora Aza Raskin, no deberĆa permitirse a estas corporaciones invadir tu atención y venderla al mejor postor porque es "antihumano". DeberĆa prohibirse.
Esto sonó drĆ”stico cuando lo oĆ por primera vez, pero recordĆ© que cuando descubrimos que pintar tu casa con pintura con plomo perjudicaba gravemente la atención de los niƱos, lo prohibimos. TodavĆa se puede pintar la casa, pero sin los ingredientes que daƱan la atención.
Hay modelos de negocio alternativos para las redes sociales que no dependen de descubrir los puntos dĆ©biles de tu atención y atacarlos constantemente. Hay varias alternativas viables. PodrĆamos pagar una pequeƱa cuota mensual de suscripción. O estas empresas podrĆan ser propiedad del pĆŗblico, como ocurre con los sistemas de alcantarillado en todo el mundo. Del mismo modo que todos somos propietarios de las tuberĆas de aguas residuales para evitar brotes de cólera, podrĆamos querer ser propietarios de las tuberĆas de información para evitar el equivalente atencional del cólera.
Una vez que cambien los incentivos financieros, las redes sociales podrÔn diseñarse para curar tu atención, no para piratearla.
Hay muchas formas de hacerlo, pero ninguna se pondrĆ” en marcha hasta que los incentivos sean los adecuados.
Pregúntate a ti mismo: ¿Valoras la atención? ¿Quiere que sus hijos sean capaces de concentrarse?
Por supuesto, estas empresas quieren que sigamos simplemente culpĆ”ndonos a nosotros mismos, y que juguemos con nuestros hĆ”bitos mientras ellas diseƱan formas cada vez mĆ”s inventivas de invadir y robar nuestra atención. Pero no tiene por quĆ© ser asĆ.
"A veces oigo a la gente decir que es demasiado tarde para hacer ciertos cambios en la web o en las plataformas o en la tecnologĆa digital", me dijo James Williams. Pero el hacha, aƱadió, existió durante 1,4 millones de aƱos antes de que a nadie se le ocurriera ponerle un mango. La web, en cambio, "tiene menos de 10.000 dĆas".
Me di cuenta de que estamos en una carrera. Por un lado, el poder cada vez mayor de las tecnologĆas invasivas, que descubren cómo funcionamos y acaparan nuestra atención. Por otro, es necesario un movimiento que exija tecnologĆas que trabajen para nosotros, no contra nosotros.
Por el momento, el movimiento por una tecnologĆa humana estĆ” formado por unos pocos valientes. Todos tenemos que decidir: Āævamos a unirnos a ellos y presentar batalla? ĀæO vamos a dejar que las tecnologĆas invasivas ganen por defecto?
Esto tambiĆ©n se aplica a los otros 11 factores que estĆ”n arruinando nuestra capacidad de atención. PregĆŗntate a ti mismo: ĀæValoras la atención? ĀæQuieres que tus hijos sean capaces de concentrarse? Si es asĆ, tenemos que tomar medidas en nuestras propias vidas, y tenemos que unirnos para luchar por recuperar nuestras mentes.
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